Malintzin No. 11 bis, Col. del Carmen Coyoacán
Artículo de opinión de la obra
“Siempre, los hombres las prefieren cabronas”
Artículo de Verónica Mondragón
“Siempre, los hombres las prefieren cabronas”
Cuando Mariano y Patricia logran consolidar su relación amorosa, y están a punto de celebrar su segundo aniversario, Patricia lo vive con tal alegría, con tal satisfacción de haber logrado la estabilidad, la seguridad y la felicidad ofrecida por una relación duradera y segura, que intenta transmitirle a Mariano esa energía, y Mariano, bueno… Mariano… a decir verdad, Mariano tal parece que va colocando los eslabones de lo que será su cadena perpetua en la esclavitud doméstica y pretende huir afanosamente de esa relación segura y estable, ronda el sí pero… no.
La obra se instala justo en ese momento cuando ya se ha ido volando por la ventana el romanticismo de aquellas primeras veces, cuando llega a instalarse la rutina y el aburrimiento que toda pareja siente al pasar los años juntos y se va acabando la novedad. Se plantea si el amor de esta pareja -aunque principalmente de Patricia-, será capaz de sobrevivir la transformación de su príncipe en sapo.
Las situaciones desenmascaradas en la obra ponen a prueba la paciencia, bondad, alegría e ingenuidad que cualquier mujer puede tener en ese momento de ajustes y transformación, provocada por el descubrimiento, con los ojos bien abiertos, de la convivencia en el día a día con su Neandertal antes homosapiens pareja, arrebatándonos carcajadas del exasperante comportamiento de Mariano, Patricia hace lo que cualquier mujer decidida hace para que su relación funcione. Esta puesta en escena nos pregunta ¿Qué tanto estamos dispuestas a soportarle a nuestra pareja en aras de lograr la tan deseada relación perfecta que nos han vendido en los cuentos de hadas? E incluso, ¿Nos hemos creído que depende solo de nosotras alcanzar la meta de la frase afamada “hasta que la muerte nos separe”?
Esta obra propone a las mujeres convertirse en cabronas, porque después de todo… ¿así las prefieren los hombres? ¿o no?, pero de paso nos insinúa si ser cabrona significa convertirnos en ese cabrón de Mariano y replicar el modelo altamente violento del esquema de pareja que ha subyugado a la mujer, pero ahora al revés; creo que cualquier mujer sensata dirá “No gracias”. No estoy dispuesta a renunciar a mi sensibilidad femenina y a mis propios poderes femeninos para masculinizarme y subyugar ahora al hombre. La obra nos responde No, no te conviertas en esa cabrona, sino en el sentido amplio que usamos este disruptivo concepto de ser inteligente, astuta y de carácter sin perder la alegría y la belleza de ser mujer.
Sin embargo, la obra me hizo pensar en el hombre y su transformación, y creo que está aún pendiente la reflexión que seguramente puede ser digno tema para otra puesta en escena del Director Gabriel Pineda. Creo que nos hemos inclinado a revisar la transformación cultural y liberación social y psicológica (me refiero a nuestras propias ataduras internas), de las mujeres sobre los procesos de violencia en las relaciones sociales, filiales, y amorosas por más de medio siglo, pero yo me pregunto ¿Qué hay de Mariano, que hay de su transformación existencial en este contexto? Sin dejar de definirse y de verse a través de la mujer, a través de lo que decimos nosotras o la sociedad: ¿Qué debe ser un hombre?, ¿Qué hay de su propia reflexión y liberación de sus propias ataduras? Yo creo amerita que este brillante y experimentado director, nos ayude a transformar en arte nuestros propios dilemas existenciales y los lleve al extremo con ese ya característico humor inteligente y provocador y nos invite a reírnos de nosotros mismos. Pues después de todo, así se rompen las cadenas hacia el arte creador y disruptivo de esta compañía teatral.
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